Introducción
La enfermedad renal crónica, se ha convertido a lo largo de los años, en un problema de salud pública en todo el mundo y con mayor expresión y necesidad en los países en vías de desarrollo, como es en Latinoamérica. Ésta entidad, implica alteración de múltiples funciones, cuya manifestación es la pérdida progresiva e irreversible de la función renal, que asume su cúlmine en la necesidad de tratamiento sustitutivo renal, en todas sus modalidades, o el trasplante renal.
Ésta terapéutica de alta complejidad implica altos costos, y en escenarios, donde los recursos son limitados, donde la accesibilidad a la atención médica, por la extensión geográfica de la región, es limitada y la equidad no es una característica.
Se conoce que más del 10 % de la población adulta de nuestro país padece enfermedad renal en diferentes grados. Y para los próximos años se estima que un porcentaje significativo progresará hacia algún tipo de terapia sustitutiva renal. Sin embargo, no todos los pacientes son pasibles de algún tratamiento sustitutivo renal, y por otro lado, hay una población en estadio 5, que se deteriora progresivamente. Como también envejece la población general. Sumado a las complicaciones cardiovasculares, deterioro del estado general muerte prematura.
En la actualidad el médico tiene básicamente 2 obligaciones en el ejercicio de su profesión: curar enfermedades y aliviar el sufrimiento. En el área de la enfermedad renal crónica, estamos frente a un escenario de “no curación” e inevitable progresión. Por lo que el principal objetivo del tratamiento debe ser mejorar o preservar la función y evitar una muerte prematura. Pero, inevitablemente, todos en diferentes grados sufrirán deterioro de sus capacidades, dolor, fragilidad, requerimiento de asistencia de terceros y no todos serán pasibles de terapias sustitutivas. Pero, sí todos los pacientes deben tener garantizada la atención, alivio de dolor y síntomas.
Esto encuadra en los cuidados paliativos, definidos por la OMS como “un cuidado total, activo y continuado del paciente y su familia, por un equipo multiprofesional, cuando la expectativa médica ya no es la curación. El objetivo primario no es prolongar la sobrevida, sino conseguir la más alta calidad de vida para el paciente y su familia”.
Los cuidados de soporte y paliativos renales se definen como un modelo de transición entre la diálisis, orientada a la enfermedad con objetivo rehabilitador, y el paso a una medicina centrada en el paciente basada en el tratamiento de los síntomas, respeto a sus preferencias y mejora de la calidad de vida.
Deben estar disponibles desde el diagnóstico de la ERC hasta el final de la vida.
Razón por lo cual, consideramos, que un pilar fundamental para logar que todos los paciente accedan, es la capacitación de los profesionales de la salud. En este caso particular los nefrólogos y todos aquellos médicos que trabajan con pacientes con enfermedad renal crónica.
Métodos pago: